Sobre los actos fallidos

Podemos deducir que los actos fallidos tienen un sentido, conclusión que tomaremos como base de nuestras subsiguientes investigaciones. Haremos resaltar, una vez más, que no afirmamos, ni para los fines que perseguimos nos es necesario afirmar, que todo acto fallido sea significativo, aunque consideraríamos muy probable esa hipótesis. Pero nos basta con hallar que tal sentido aparece con relativa frecuencia en las diferentes clases de actos fallidos. Además, estas diversas clases ofrecen, por lo que respecta a este punto de vista, grandes diferencias […]

Los actos fallidos son actos psíquicos resultantes de la interferencia de dos intenciones. Es este el primer resultado del psicoanálisis. La psicología no ha sospechado jamás hasta el momento, tales interferencias. Ni la posibilidad de que las mismas produjeran fenómenos de este género. Así pues el psicoanálisis ha extendido considerablemente la amplitud del mundo de los fenómenos psíquicos y ha conquistado para la psicología dominios que anteriormente no formaban parte de ella. […]

Todo lo que puede observarse en la vida anímica habrá de designarse eventualmente con el nombre de fenómeno psíquico. […]

El fenómeno es significativo y posee un sentido, entenidendo por sentido un significado, una intención, una tendencia y una localización en un contexto psíquico continuo. […]

Hemos dicho que los actos fallidos resultan de la interferencia de dos intenciones diferentes, una de las cuales puede calificarse de perturbada y la otra de perturbadora. Las intenciones perturbadas no plantean ningún problema, en cambio, por lo que respecta a las perturbadoras, quisiéramos saber de qué género son tales intenciones, capaces de perturbar otras y cuál es la relación que con estas últimas las enlaza. […]

En la equivocación oral puede haber una relación de contenido en donde la intención perturbadora contendrá una contradicción, una rectificación o un complemento de la intención perturbada. Así, una segunda tendencia logra manifestarse al lado de la primera. Por ejemplo, si la equivocación nos hace decir lo contrario de lo que queríamos, la intención perturbadora es, en efecto, opuesta a la perturbada y el acto fallido representa el conflicto entre las dos tendencias inconciliables. En todos esos casos, la equivocación se deriva directamente del contenido mismo de la intención perturbada, o se halla en conexión con ella.

Pero puede también suceder, que no exista relación alguna entre los contenidos de ambas tendencias y entonces el problema se hace más oscuro e interesante. Si la intención perturbadora no tiene nada que ver con el contenido de la perturbada, ¿qué origen habremos de atribuirle, y cómo nos explicaremos que surja como perturbación de otra intención determinada? La observación, único medio de hallar respuesta a esta serie de interrogaciones, nos permite darnos cuenta que la perturbación proviene de una serie de ideas que había preocupado al sujeto poco tiempo antes y que interviene en el discurso de este manera particular independientemente de que haya hallado o no expresión en el mismo. Se trata de un verdadero eco. Por ejemplo, si en medio de una frase, el sujeto tiene una pequeña vacilación que vence en el acto y sigue hablando, luego, en otro punto del discurso se equivoca y pronuncia otra palabra que quería, es, que la palabra retenida previamente, se abre paso, en contra de su voluntad, en una frase de contenido independiente que viene a continuación. Es decir, la palabra inhibida surge en forma de desfiguración de otra palabra.

de Sigmund Freud en Lecciones introductorias al psicoanálisis (1915-1917)

Comparte en tus redes sociales

También te podría gustar...

Deja una respuesta