SOBRE EL DESEO

La teoría analítica se basa completamente en la noción de libido, en la energía del deseo.

En la medida en que tal o cual actividad se erotiza, es decir, es atrapada en el mecanismo del deseo, interviene la angustia, como el punto clave de la determinación de los síntomas.

El término “defensa” no significa nada si no es defensa contra el deseo.

En la experiencia del lenguaje se funda la aprehensión del Otro, sede del lenguaje, de ese Otro que puede responder al llamado de esa demanda.

Este Otro le responderá por tal significante o tal otro, ya que depende del Otro hacer que uno u otro de los significantes esté allí, porque en él se aloja la batería Significante.

Es a partir de esta conmutatividad entre los significantes, que se establece para el sujeto la barra entre significado y significante, que simboliza esta simultaneidad y que está marcada por lo impenetrable. Ya que no será el significado, sino que será un significante para otro significante.   

Frente a este deseo del Otro hay un desamparo que se produce en el mismo lugar en que el deseo se origina. Es por esto que se habló de defensa en tanto que es defensa frente a este desamparo. Se defiende con su yo, o más bien con un elemento que toma del registro imaginario de la relación con el otro, donde se reflejará el mismo como sujeto hablante.

Y ya estamos en el campo inconsciente, ese algo que pone siempre al sujeto a cierta distancia de su ser y que no lo alcanza nunca, que sólo puede alcanzarlo asintóticamente en esa metonimia del sujeto, que es el deseo.

Se instala ya un compromiso en la relación con el Otro como lugar del lenguaje y de la palabra donde siempre habrá un significante que falta.

Es allí que se enuncia la fórmula del sujeto del inconsciente como $<>a.

El S barrado de la fórmula del fantasma es el sujeto hablante en la medida en que se refiere al otro como mirada, al otro imaginario, mientras que el a simboliza el elemento tomado de este campo, y ésta es la articulación del sujeto hablante con el otro imaginario, siendo de esta manera que el deseo humano tiene esta propiedad de ser fijado, no en un objeto, sino esencialmente en un fantasma.

La fórmula constante del fantasma en el Inconsciente, $<>a, es esa relación del sujeto en la medida en que está tachado, anulado por el significante como sujeto, y que encuentra su soporte en el Otro, es el lugar donde mantiene su existencia, mantiene el velo que hace que pueda seguir siendo un sujeto que habla.

Como resto de un pasado, queda sin reflejo la pantalla, sin tachas, donde el paciente proyectará sus fantasmas. No quedan más señales para señalárselas, y el tiempo se alteró porque dejaron de existir esas dos etapas donde había un tiempo para divagar y así se la llamaba a la asociación libre, que era seguida de un tiempo otro donde se hacía el encuentro de lo que estas asociaciones revelaban de subjetivo y constituían una interferencia fantasmática o transferencial, así llamada, en la relación con la realidad.

Si el analista no responde a la demanda, es para preservar el vacío donde el deseo se determina en el Otro.

Se colocará al deseo del analista como el verdadero eje del análisis, y esto porque afirma el principio según el cual el deseo es el deseo del Otro.

El deseo del analista toma sus límites al no ser más que el espacio donde resuena el que me pides? que quieres de mí?, debe cuidar de que su propio deseo sólo intervenga en la dirección de la cura.

La relación con el analista no es en tanto que otro con minúscula, un semejante, sino que se juega en la disparidad donde ocupa el lugar del Otro como lugar del lenguaje.

Norma Menassa

Médico y Psicoanalista

Comparte en tus redes sociales

También te podría gustar...

Deja una respuesta