SOBRE LA TRANSFERENCIA

Cuando llega para el enfermo el momento de comenzar la lucha normal contra las resistencias que el análisis le ha revelado, precisa de un poderoso impulso que decida el combate en el sentido que deseamos; esto es, en el de la curación, pues en caso contrario podría repetirse la primitiva solución del conflicto y volver a quedar reprimido en lo inconsciente todo aquello que habíamos logrado atraer a la consciencia. El factor que decide el resultado no es ya la introspección intelectual del enfermo, facultad que carece de energía y de libertad suficientes para ello, sino únicamente su actitud con respecto al médico. Si su transferencia lleva el signo positivo, revestirá al médico de una gran autoridad y considerará sus indicaciones y opiniones como dignas de crédito. En cambio, aquellos enfermos en que ésta no existe o cuya transferencia es negativa, no prestan al médico la menor atención. La creencia en el terapeuta reproduce aquí la historia misma de su desarrollo. Fruto exclusivo del amor, no tuvo al principio necesidad ninguna de argumentos, y sólo mucho después concede a éstos importancia bastante para someterlos a un examen crítico: cuando son formulados por personas amadas. Los argumentos que no tienen por corolario el hecho de emanar de personas amadas, no ejercen ni han ejercido jamás la menor influencia en la vida de la mayor parte de los humanos. De este modo, resulta que el hombre no es, en general, accesible por su lado intelectual, sino en proporción a su capacidad de revestimiento libidinoso de objetos; razón por la cual, podemos afirmar que el grado de influencia que la más acertada técnica analítica puede ejercer sobre él, depende por completo de la medida de su narcisismo, barrera contra tal influencia.

[…]

Quiero dejar cumplida la promesa, con que la inicié, de haceros comprender, con auxilio del fenómeno de la transferencia, por qué todos nuestros esfuerzos terapéuticos fracasan en las neurosis narcisistas.

Nada más sencillo de explicar. Diré en pocas palabras cómo se resuelve el enigma y cómo ajustan cada uno de los elementos. La observación nos muestra que los enfermos atacados de neurosis narcisista carecen de la facultad de transferencia o sólo la poseen como residuos insignificantes. Estos enfermos rechazan la intervención del médico, pero no con hostilidad, sino con indiferencia, razón por la cual no son accesibles a su influjo. Lo que él les dice los deja fríos, no les causa mayor impresión. Resulta de este modo que el proceso por el que conseguimos la curación, y que consiste en reavivar el conflicto patógeno y vencer la resistencia opuesta por la represión, no puede tener efecto en estos pacientes. Permanecen como siempre son. Por propia iniciativa intentan ellos repetidamente modificar su estado, en procura de mejoría, pero estas tentativas no conducen sino a nuevos efectos patológicos. Nada podemos, por tanto, hacer en su favor.

Fundándonos en los datos clínicos que nos han sido proporcionados por nuestros enfermos de este género, podemos afirmar que en ellos ha debido descartarse las catexis de objeto y la libido de los objetos transformarse en libido del yo, siendo éste el carácter que diferencia a esta neurosis de las que constituyen el grupo antes examinado (histeria, neurosis angustiosa y neurosis obsesiva). Ahora bien: la forma en que la misma se conduce ante nuestros intentos terapéuticos confirma nuestro punto de vista. No presentando el fenómeno de la transferencia, permanecen inaccesibles a nuestros esfuerzos y no resultan curables por nosotros.

de Sigmund Freud en “Lecciones introductorias al psicoanálisis” (1915-17), LECCIÓN XXVII. LA TRANSFERENCIA

Comparte en tus redes sociales

También te podría gustar...

Deja una respuesta