Día Mundial de Lucha contra la Depresión
Día Mundial de Lucha contra la Depresión
Todos tendríamos que tener nociones de cómo funciona nuestra mente, de cómo estamos implicados en lo que nos pasa. La enfermedad no existe bajo el control de la conciencia, para poder entender y tratar las enfermedades psíquicas tenemos que aceptar la existencia del inconsciente y su papel en los procesos terapéuticos.
La angustia, la tristeza, a veces el dolor, no son sino condimentos normales de toda vida interesante, son mecanismos psíquicos normales presentes en todos los seres humanos, pero, a veces, llevan a la enfermedad y la muerte. La depresión es la enfermedad mental más extendida, llegando a afectar a más de 300 millones de personas en el mundo, un 5% de la población mundial, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cualquier persona puede sufrirla, sin distinción de edad, género o nivel socioeconómico. Interfiere en la vida cotidiana y afecta a la capacidad de amar y trabajar de las personas. Es una de las mayores causas de discapacidad y puede llegar a la muerte de la persona, ya sea en forma de enfermedad orgánica como el cáncer o el suicidio.

En la depresión hay pérdida de la capacidad para experimentar placer, se producen cambios en el apetito, el peso o el sueño, falta de energía vital, disminuye el amor propio, dificultad para concentrarse o tomar decisiones, y es habitual que haya pensamientos de muerte o ideación suicida, se inhiben todas las funciones. La tristeza veces la ponemos equivocadamente en relación con la depresión; a nadie se le ocurre decirle a alguien que acaba de perder un ser querido que vaya al psicoanalista o al psiquiatra. El duelo es un proceso normal por el cual la persona consigue desligarse de la persona amada que ya no está, en cambio por los mismos mecanismos y frente también a la pérdida de una persona amada o un ideal se instala a veces, la melancolía, la depresión.
El deprimido acude a consulta como una persona que ha perdido su motivación, lo que antes le generaba interés ya no le importa, ha perdido la capacidad de proyectarse en el futuro. A veces vienen desaseados, huelen mal… Es muy llamativo que tras las primeras sesiones de tratamiento psicoanalítico pueda observarse un cambio significativo, el paciente presenta un aspecto diferente, como una flor que se riega y recupera su energía. Todavía no está curado, pero en el establecimiento de la relación con el psicoanalista, ha comenzado su curación.

La depresión es una enfermedad dolorosa porque prácticamente se pierde el contacto con la realidad, la persona deprimida no puede superar una pérdida, ya sea de un amor, un proyecto o un ideal, no puede superar esa decepción, no puede sustituir. La salud está en relación a la capacidad de las personas de adaptarse al cambio, el deprimido no puede hasta tal grado que llega a dañarse a sí mismo. En el tratamiento de la depresión el psicoanalista sabe que los autorreproches que el depresivo dice de sí mismo no se refieren a él, sino a la persona amada que ya no está, es pura agresividad introyectada hacia sí mismo. El proceso terapéutico tratará de reparar o restaurar esa capacidad de sustituición necesaria para vivir, todos tenemos que tolerar decepcionarnos y seguir adelante, establecer nuevos amores, nuevos proyectos.
La depresión pone de manifiesto un narcisismo exhacervado en el paciente que acaba dañándole gravemente. El narcisismo sólo encuentra un límite en el amor a los otros, además el amor a los otros es el que nos libra de la enfermedad, enfermamos cuando no podemos amar.

Helena Trujillo
Psicóloga y Psicoanalista de Grupo Cero
