POSICIÓN DEL PSICOANALISTA Y EL OBSESIVO
POSICIÓN DEL PSICOANALISTA Y EL OBSESIVO
Toda intervención del psicoanalista es tomada por el paciente en función de su estructura y toma en él una función estructurante en razón de su forma ,así podemos hablar de intervenciones psicoterapéuticas no analíticas que pueden interpretarse de sistemas obsesivos de sugestión , de sugestiones histéricas de orden fóbico, y de apoyos persecutorios.
Las palabras cautivan al sujeto,pueden embarazar a la histérica,pueden hacer que un sujeto se identifique al pene materno,pueden representar el flujo de orina de la ambición uretral o el excremento retenido del goze avaricioso. Incluso las palabras pueden sufrir lesiones simbólicas,como en El hombre de los lobos, la palabra Wespe,queda castrada de la W para que S.P representen las iniciales del sujeto.
La palabra puede convertirse en objeto imaginario o real para que el lenguaje pierda como tal su función,pero esto lo podemos considerar como resistencias, pues de lo que se trata en psicoanálisis es de la realización es de la realización de su historia en relación con su futuro. Por eso que se trata de una vuelta a Freud cuando se trata de alcanzar la verdad del sujeto. Habrá que dejar de hablar de discurso fálico-uretral, o erótico-anal, o incluso sádico-oral para volver a Freud,ese Freud que es capaz de tomarse libertades con la exactitud de los hechos cuando se trata de alcanzar la verdad del sujeto, así cuando habla de la escena primaria en el Hombre de los Lobos, o cuando se percata de la importancia que desempeña en el Hombre de las Ratas la propuesta de matrimonio presentada al sujeto por su madre en el origen de la fase actual de su neurosis. Freud no vacila en interpretar para el sujeto su efecto como de una prohibición impuesta por el padre difunto contra su relación con la dama de sus pensamientos. Esto no sólo es materialmente inexacto, en tanto esta acción castradora del padre, sobre la que Freud insiste de forma sistemática, no tiene sino un papel de segundo plano, pero como interpretación es tan precisa , que desencadena el levantamiento decisivo de los símbolos mortíferos y que ligan narcisísticamente al sujeto a la vez con el padre muerto y con la dama idealizada,pues sus dos imágenes se sostienen con una equivalencia característica del obsesivo.
Y es en la deuda forzada cuya presión es actuada por el paciente hasta el delirio, demasiado perfecto en la expresión de sus términos imaginarios, como para que el sujeto intente realizarla,es en esa restitución vana que Freud se percata de la cuestión, es en el modo que hace que el sujeto recupere la historia del matrimonio de su padre por conveniencia pues en boca de su madre está que antes de casarse con su madre había otra mujer, “pobre, pero bonita”, y la historia del honor de su padre salvado por un amigo saludable y a quién nunca pudo pagar la deuda engendrada.
Cuando el sujeto que Freud llama Hombre delas Ratas llega a la consulta está sumido en un laberinto de idas y vueltas y del cual no puede salir. Llega a pensar incluso en visitar a Freud para solicitarle un certificado donde conste que su tratamiento requiere que el teniente A acepte el pago de 3,80 coronas.
El teniente A nada sabe de este sujeto, el Hombre de las Ratas, es un significante que aparece en boca del capitán llamado capitán cruel porque le gusta contar torturas ejemplares, entre ellas la tortura de las ratas , tortura donde el torturado se le introducen ratas por el ano. Teniente A, al que el capitán cruel atribuye haber pagado el coste del contrareembolso de las lentes que su oculista le envía desde Viena, pues “casualmente” las había roto el día que escuchó el relato de la tortura de las ratas. Cuando el capitán cruel le dice que habrá de pagar al teniente A y después le dicen que al teniente B , el Hombre de las Ratas, ya sabe que no es ni al teniente A,ni al teniente B, sino a la señora de correos a quién tiene que pagar la deuda, no obstante borra ese saber, lo aísla como conocimiento, algo característico de los obsesivos, borrar y aislar, porque le sirven de paredes para su laberinto. Es lo real y no la realidad, como en la interpretación psicoanalítica lo que hace que el sujeto se posicione dentro o fuera del laberinto protector.
Nos podemos preguntar de qué le protege y la respuesta está en la historia que Freud devela en el análisis, la doble deuda impagada del padre que tiene que mantener como impagada, para ello qué mejor que introducirse en un laberinto que no le permita llegar a la salida.
Tiempo después de haber comenzado su análisis con Freud, en momentos de resistencia, cuando la transferencia le lleva a proclamarse deudor todavía prefiere volver al laberinto, sentirse Teseo, atarse al hilo de Ariadna.
Se dice de la histeria que busca amo para dominarle, para hacerlo desear, y del obsesivo que ha encontrado amo y espera su muerte, por eso mientras tanto espera fundamentalmente recibir demandas, ponerse en posición de satisfacer demandas.
Como Penélope el obsesivo teje y desteje mientras espera la muerte del amo absoluto.
La posición de espera en el obsesivo es fundamental. El obsesivo vive esperando la muerte del amo para empezar a vivir, para empezar a tener deseos, por eso que es una coartada para no jugarse sus deseos, por eso que sus hazañas siempre son en lugares, en cosas que si investigamos no le interesan realmente, por eso siempre está en otro lugar que donde se juega su deseo. El obsesivo se protege en esta situación para librarse de su obligación de vivir, por eso se habla del desfallecimiento del deseo del obsesivo.
La histérica promueve la castración a nivel del nombre del padre simbólico en el lugar del cuál ella se plantea como queriendo ser,en último término, su goce.
Y es porque este goce no puede ser alcanzado que ella rehúsa todo otro que ella pudiera tener,en tanto entra en juego ese carácter de disminución, de no tener. La histérica después de poner en cuestión el a,es igual, a ese a, la irreductible hiancia de una castración realizada.
Para el obsesivo el Otro es completo mientras que para la histérica esta agujereado desde el principio.
DE LOS LABERINTOS DE LA NEUROSIS OBSESIVA DE AMELIA DÍEZ CUESTA.

