TIEMPO REAL Y TIEMPO HISTORICO
TIEMPO REAL Y TIEMPO HISTORICO (Freud y Lacan, hablados 1)
Primera parte del capítulo.
Hoy hablaremos de uno de los temas más complejos en psicoanálisis. Tan complejos que Freud en los trabajos de Metapsícología, tratando de llegar a un grado de formalización, a un grado de precisión del concepto inconsciente, al hablar del tiempo del inconsciente, dice que el inconsciente no tiene tiempo. Y esto solamente puede ser explicado, comprendido, si pensamos que Freud dice que el inconsciente no tiene tiempo, si tiempo es el tiempo físico, si es el tiempo que se puede medir, si es el que se puede calcular. El tiempo del inconsciente ha de ser un tiempo diferente al tiempo que manejamos en la experiencia cotidiana, o al tiempo que manejaba la física como patrón único del tiempo. Es decir, un tiempo que será diferente al tiempo percibido por el sujeto y que se opondrá a las concepciones científicas del tiempo de su época y también al tiempo que manejan muchos antropólogos, sociólogos, científicos y filósofos contemporáneos.
El tiempo de nuestra vida cotidiana tiene la característica de transcurrir, por lo tanto su esencia es la esencia de la medida, de su transcurso. Es un tiempo que incluye en su propia definición el espacio. Para estas ideologías tiempo termina siendo un movimiento entre un punto y otro punto del espacio. Este tiempo es el tiempo que no hay en el inconsciente.
Me miro en el espejo y sólo me doy cuenta que he envejecido si me comparo con aquella otra vez, hace cinco años, que me miré al espejo o con una antigua fotografía, si no no ha pasado el tiempo y lo mido en que ese acto cotidiano es un transcurso.
¿Ustedes se preguntaron alguna vez qué es el tiempo? San Agustín se preguntó qué es el tiempo y llegó a decir: si no me preguntan qué es el tiempo sé qué es el tiempo, el tiempo de mi afectividad, de mi vida, de los encuentros, el tiempo que se tarda en ir de un lugar a otro. Pero si me preguntan qué es el tiempo, no puedo responder. Si me preguntan por los aspectos sensibles de mi saber del tiempo, puedo responder que conozco el tiempo de mi vida, de mis afectos, de mi fe, de la verdad. Pero si me preguntan por la estructura determinante, por una teoría del conocimiento que dé cuenta del tiempo, no puedo responder. Puedo dar cuenta solamente de mis percepciones y de las representaciones que voy uniendo en mis percepciones y que hacen mi ideología acerca del tiempo.
La ideología del tiempo como medida de un transcurso sería el requisito fundamental que este tiempo tiene que cumplir: el de transcurrir en un sentido. Y este sentido viene siempre desde el pasado hacia el presente y no tiene ninguna otra ruta que continuar sino hacia el futuro. La concepción general que se tiene del tiempo es tal que se lo ve transcurriendo fuera del sujeto, fuera del lenguaje. Lo único que puede hacer el sujeto con ese transcurrir que es el tiempo, es medirlo, contarlo, mensurado. Con la característica esencial que el tiempo pasado es tiempo, y a la vez el pasado, el presente y el futuro son tiempo.
Esta concepción del tiempo que regía —a nuestro entender— hasta la aparición del psicoanálisis o hasta la producción de la teoría psicoanalítica —no sólo el tiempo filosófico sino también el pensamiento-científico— proviene de la primera concepción filosófica del tiempo. Esta es la concepción aristotélica del tiempo. Porque tiempo como medida de un transcurso del pasado hacia el porvenir pasando por el presente, es el tiempo que podemos constatar en lo que llamamos la dialéctica aristotélica. Un tiempo real, un tiempo aparente que siempre nos da la ilusión de que las cosas comienzan por un principio, tienen un desarrollo y luego tienen un fin. ¿Quién no está de acuerdo con eso? Bueno, el psicoanálisis no está de acuerdo con eso.
Pavese ya murió pero en sus libros podemos encontrar explicaciones, datos, argucias y elementos que me explican la vida actual. Ese hombre escribió, produjo una vida que no fue para él, que fue para mí, sin conocerme y sin estar seguro que mi existencia daría sentido a su existencia.
No fue Aristóteles el que me pensó a mí sino que soy yo cuando lo nombro, cuando en mi discurso aparece una partícula aristotélica que le doy sentido material y objetivo a la producción aristotélica.
No es el pasado el que determina el presente sino que en un contexto actual doy sentido a la experiencia pasada, rompo con la cronología del tiempo y transformo el tiempo real en historia, en tiempo histórico, y en psicoanálisis, en tiempo del inconsciente, en tanto el tiempo histórico tiene las mismas características que el tiempo del inconsciente, es decir, el futuro anterior.
Las bases de este tiempo son la interpretación y la recurrencia, el aprés-coup para la escuela francesa, la acción diferida para la escuela inglesa, recurrencia para el materialismo dialéctico —quiero mostrar que es el mismo concepto— pero que se ha evitado en las escuelas psicoanalíticas ese fenómeno para hacernos creer que no es el mismo concepto. Yo aconsejo que se llame recurrencia. Un tiempo tal que me viene dado desde el futuro. Sin darnos cuenta y hablando de otras cosas hemos hablado del tiempo del inconsciente: el tiempo futuro anterior.
Por ejemplo la aplicación de la cronológica concepción del tiempo como instrumento de lectura de la historia del psicoanálisis diría que la historia del psicoanálisis comienza con el inconsciente de Platón, o el inconsciente de Descartes o el inconsciente de Schopenhauer. O que la historia del psicoanálisis comienza con los trabajos de Freud y de Breuer sobre un caso de histeria, o que comienza con los primeros trabajos de Charcot en los famosos cortes anatómicos, o con el fenómeno de doble conciencia de Janet, o cuando Freud nombra la palabra inconsciente tan ideológica todavía en 1895 como la palabra inconsciente de Platón, el inconsciente de Descartes y la filosofía del inconsciente que proviene de ese filósofo tan poco leído que fue Schopenhauer.
El psicoanálisis comienza cuando es capaz de producir su objeto de conocimiento. Objeto de conocimiento que le tiene que ser propio y que tiene que mostrar —en el desarrollo de su producción, que en todos los casos tiene que ser una obra escrita— los momentos del trabajo de su construcción.
Nosotros habíamos tenido como un acuerdo primitivo en decir que esta obra en Freud es La Interpretación de los Sueños, cosa que intentaremos demostrar a lo largo de estos tres años. Pero una vez puestos de acuerdo en que La Interpretación de los Sueños es el primer texto escrito en que aparece el concepto de inconsciente, recién ahora podemos decir que ha comenzado el tiempo histórico del psicoanálisis; si se me permite la metáfora, el psicoanálisis nace en La Interpretación de los Sueños. Por lo tanto aquello que el tiempo real nos mostraba como histórico en su sucesión continua que venía de atrás para adelante, queda reducido ahora, con el acontecimiento del concepto, en lo que podríamos llamar la prehistoria del psicoanálisis o de la ciencia psicoanalítica.
¿No es acaso Spinoza anterior a Feuerbach? ¿Y cómo es posible explicarse entonces que para Feuerbach todavía, para explicar el fenómeno religioso, habría que meterse dentro del fenómeno religioso y explicar desde ahí el fenómeno? Sin embargo para Spinoza, que vivió en el tiempo real antes que Feuerbach, el fenómeno religioso sólo puede ser leído desde otro lugar, y ese otro lugar tiene que ser una teoría científica.
El ejemplo que él da es: desde la geometría se puede procesar el texto bíblico, desde el texto bíblico no se puede procesar la geometría. Con este concepto que estoy tratando de entender de tiempo histórico, en realidad Spinoza vivió después que Feuerbach, es más moderno, es más contemporáneo. Y por último cuando Lenin le dice a Trotsky que si hacen tal cosa con el partido serán históricos, Trotsky le contesta: sí, según quién escriba la historia. Trotsky ya tenía el concepto de tiempo histórico. La historia no era los hechos que acontecían, sino que era aquello que acontecía precisamente por aprés-coup, por acción diferida, por recurrencia y que otra vez se llamaba nuevamente escritura.
Tiempo del inconsciente que muchos autores modernos dicen que es el tiempo de la metáfora. Antes de eso, era claramente la metáfora la que concebía un tiempo diferente al tiempo ése que se podía medir, que era continuo y que iba del pasado al presente. Si esto fuera así, empezaríamos a desarrollar lo que también dijimos en algunas de las clases acerca de la poesía como instrumento de conocimiento. En tanto, después del acontecimiento del psicoanálisis, se abre un campo ideológico de un saber no sabido por el sujeto: que la metáfora poética sería lo que se puede saber de aquello que el sujeto sabe sin saber. Por lo tanto, el sujeto no sabe, pero la escritura sabe.
MIGUEL OSCAR MENASSA
FREUD Y LACAN – hablados 1
Editorial Grupo Cero

