salud mental

Psicoanálisis y vida cotidiana

Psicoanálisis y vida cotidiana El hombre actual, moderno, atómico, silvestre, desprejuiciado, alocado, alucinado, drogadicto, amante en general, tiene miedo de confesar sus fantasías, porque en sus fantasías hay deseos que le avergüenzan, primera diferencia con los juegos. El niño jugaba y si bien no mostraba, no ocultaba; el hombre adulto, la mujer adulta, ocultan sus fantasías, suponemos que hay algo en sus fantasías que les da vergüenza. Además podemos suponer que si yo no puedo relatar mis fantasías he de suponer que soy el único capaz de producir semejante producción fantástica. Quiero decir que no solamente oculto mis fantasías al resto de los hombres, sino que niego la existencia de otros hombres porque no puedo atribuirle a los otros hombres la posibilidad de producir fantasías.  Antes de investigar el juego de los niños -pasaron muchos años antes de que el psicoanálisis lo investigara- que como habíamos visto transcurría sin culpa...

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El deseo de estudiar se consigue estudiando

Cuando pensamos que algo es interesante por sí mismo, lo que realmente estamos pensando es que hay cosas que nos interesan y cosas que no nos interesan. El interés, en este sentido, no difiere de nuestros gustos. Entonces, lo que realmente estaremos diciendo será: “Esto me gusta, esto no me gusta”. Pero si ésta es nuestra manera de pensar el estudio, muy pocas cosas podremos estudiar. El gusto, como muchos otros de nuestros hábitos, es una construcción ideológica que la familia, la sociedad y el Estado llevan a cabo en cada uno de nosotros a través de la educación. Una ideología que nos acompaña y que determina en gran medida nuestra forma de vivir, pero que al tratarse de algo ideológico, sólo nos permite lo conocido y lo familiar. Esto significa que no podré conocer otras cosas que no sean ni conocidas ni familiares, por alejarse de mis gustos. Ahora...

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