TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN

TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN

Los trastornos de la conducta alimentaria, según los datos más recientes, afectan a aproximadamente a un 9% (anorexia, bulimia) de la población mundial. Ahora bien, si consideramos la obesidad como un trastorno de la conducta alimentaria este porcentaje se dispara, teniendo en cuenta que en España se estima que más de la mitad de la población adulta presentan obesidad o sobrepeso y que uno de cada tres menores de entre 2 y 17 años tiene exceso de peso, y uno de cada diez obesidad.

La alimentación es una función fisiológica necesaria para la vida, que se puede ver afectada en muchas circunstancias ya que el alimento, para los humanos, no sólo es importante como objeto de necesidad, sino también es un objeto de goce y de amor.

La comida, además, juega un importante papel social: En torno a la mesa se realizan negocios, se dirimen disputas familiares, se corteja… Como vemos la comida tiene muchos más sentidos que los puramente nutricionales.

Comer es algo más que un acto biológico necesario, es un acto psíquico influido por las primeras relaciones interpersonales.  

El recién nacido es un ser indefenso que necesita de otro para sobrevivir, sin los cuidados de ese otro que le alimenta, le abriga, le duerme, de alguien que llamamos “función madre” y que es la persona, sea cual sea y del sexo que sea, que se ocupa de esas funciones, moriría. Esta primera relación de dependencia del niño con respecto a la madre está ligada a la amenaza de la pérdida de amor y no a la simple privación de los cuidados maternos. Cuando la madre se enfada o el niño siente que le ha retirado su cariño no está seguro de la satisfacción de sus necesidades. Si pierde su amor está en peligro.

Son muchas las frases que muestran esta relación entre la comida y el amor, frases que se dirigen a las personas queridas como “mi bomboncito”, “te comería a besos”, estás para comerte”, “estás como un queso”. Todas metáforas alimentarias.

También el alimento es un objeto de goce que tiene que ver con el placer de la boca. Probablemente todos hemos observado a ese recién nacido que tras haber saciado su hambre sigue succionando el pecho o el biberón o se chupa su propio dedo con una expresión de satisfacción, porque la boca es un órgano relacionado con el placer, con el goce. Y como la boca es capaz de gozar, también cuando se come, se goza. Por eso la comida queda para siempre asociada con sensaciones placenteras o displacenteras, pero siempre en alguna relación con el placer. Son maneras de gozar, de disfrutar. Es lo que se conoce como problemáticas con el goce o con el placer de la boca.

Estas vertientes de la comida juegan un papel importante en el desarrollo de los trastornos de la alimentación. Por eso ponerse en manos de un profesional, un psicoanalista, que sepa escuchar que es lo que subyace en ese trastorno, y que ayude al paciente sustituir esa relación de amor o de goce con la comida por otra igualmente satisfactoria y no dañina, es importante a la hora del tratamiento. Aprender a amar y a gozar de manera sana.

Pilar Rojas

Psicoanalista de la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero.

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