DERECHOS HUMANOS
DERECHOS HUMANOS
Con relación al ámbito de los de DD HH llamados Derechos Personalísimos, encontramos que estos se refieren al respeto por la persona humana
Abarcan aquellos relacionados con la integridad física -vida, cuerpo, muerte- libertad e integridad espiritual -honor, imagen, intimidad, identidad-. Incluimos en estos principios, el Derecho a la Salud y dentro de este marco a la Salud Mental.
No se puede hablar de Salud Mental sin tener en cuenta los modos en que una sociedad ordena y distribuye el goce, incluidas las representaciones ideológicas de lo que es la salud.
La Salud Mental no puede estar desligada de la subjetividad de su época. Estamos asistiendo a una marcada tendencia a la patologización, es decir a que toman el estatuto de “enfermedad” lo que se manifiesta como nuestra capacidad y nuestra necesidad de sentir, nuestras emociones más íntimas, como la tristeza o el duelo, un mal momento, una caída anímica, situaciones por las que atraviesa todo sujeto humano en el transcurso de su vida. Y en este aspecto notamos por ejemplo una sobre-diagnosticación de los cuadros de depresión y una tendencia a la cronicidad sostenida por la medicación.
Si bien nos encontramos en estos momentos frente a una sociedad dominada por la revolución tecnológica, sinónimo de progreso, nos encontramos sin embargo ante el régimen de la inconsistencia. Surgió la época de la globalización y del surgimiento de la salud como mercancía. Esto se ve reflejado en los recortes presupuestarios en salud y el desmantelamiento de la salud pública en favor de la privatización de la misma, cuyos riesgos son la exclusión y la marginación social.
El “mercado global” al que se tiende, produce un malestar contemporáneo que se expresa en la preocupación por la identidad de los géneros.
Se quiere producir una pseudo-universalización, pero la ambigüedad reina por todas partes ya que es imposible establecer una regla válida para todos.
Se habla de DDHH cuando éstos son violados o violentados, pero además de las guerras, genocidios, tortura sistemática, prisión arbitraria, desapariciones forzosas y todos los otros índices del terror, habría que agregar lo que pasa en la vida íntima, los abusos incestuosos, el maltrato y la prostitución infantil, los crímenes del amor, los niños trabajando como esclavos y tantos otros viviendo en la indigencia y en la pobreza extrema, que muchas veces derrumban en la promiscuidad, las reglas elementales del parentesco y con ello desmoronan el orden simbólico que sostiene a la sociedad.
En su obra El Porvenir de la terapia analítica, Freud anticipó la posibilidad de desarrollar una práctica terapéutica capaz de extender su eficacia a grandes grupos de personas, subrayando los futuros avances de esta terapia. Postuló que eventualmente la conciencia moral de la sociedad reconocerá que los menos afortunados tienen tanto derecho a la terapia psíquica como al acceso a la cirugía básica.
Preveía que estos tratamientos serían gratuitos y mencionó que pasaría tiempo hasta que el Estado asumiera estos deberes como obligatorios.
Afirmó que, independientemente de cómo evolucione esta psicoterapia popular y de los elementos que la conformen, no cabe duda de que los componentes más eficaces y fundamentales continuarán siendo aquellos derivados del psicoanálisis riguroso, libre de cualquier sesgo partidista.
Más aún, todos los ciudadanos tienen el derecho a ser reconocido y tratados bajo la perspectiva psicoanalítica, como sujetos del inconsciente que son.
Vemos que la idea del “sujeto del inconsciente” no contradice la noción de “sujeto de derechos” presentada frente a la ley. Esta coexistencia de conceptos permite que el psicoanálisis, junto con otros enfoques, se integre en las intervenciones que diferentes hospitales ofrecen, adaptándose a sus capacidades y recursos.
El hospital público es una de las instituciones organizadas por el Estado para satisfacer las necesidades de la población, proporcionando asistencia gratuita a cualquier persona que requiera atención y tratamiento en el ámbito de la salud.
Es en este contexto, que el psicoanálisis debería incluirse entre las prácticas psicoterapéuticas disponibles para la comunidad.
El ciudadano tiene derecho a optar por el tratamiento terapéutico que más resguarde sus derechos y libertades, contribuiremos así a su integración en lo social.

Norma Menassa
Médico y Psicoanalista
