DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
Al festejar el Día Internacional de los Derechos Humanos, tenemos la oportunidad de recordar que ni la idea de “humanidad”, ni la de “derecho” o de “libertad”, fueron siempre las mismas a lo largo del tiempo. Los grandes conceptos, como los “derechos humanos”, son una construcción. El concepto moderno de “humanidad” no tuvo lugar hasta bien avanzado el siglo XVII. Para los griegos, en el esplendor de su filosofía, lo verdaderamente humano no incluía a mujeres, ni a niños ni a esclavos. Y hasta fechas recientes, no pertenecían a la humanidad más que las naciones que formaban Occidente, es decir, los países de población predominantemente blanca, europeos y norteamericanos.
Si de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, en 1789, se pasaron de 17 principios a los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, quiere decir que la idea de lo humano se ha ido ampliando, enriqueciéndose, y obligándonos a incluir nuevas formas de libertad, para alcanzar una más plena justicia. Los derechos humanos, por así decir, son las coordenadas bajo las cuales puede trazarse ese espacio donde la humanidad comienza a encontrar su verdadera dimensión.

También el psicoanálisis nos dice que no nacemos siendo humanos ni lo hemos sido todo el tiempo. La humanidad en nosotros es una ardua construcción, producto de un trabajo que llevamos a cabo principalmente en el espacio de la cultura. Lo humano es un ámbito que seguimos explorando y todavía no conocemos sus límites.
Ha sido ardua la lucha por conseguir que cierta idea de la humanidad prevalezca sobre otras, posiblemente menos humanas.
En los últimos tiempos hemos reconocido que la salud mental se ha hecho urgentemente necesaria. Muchas de las miserias y violencias que padecemos tienen su origen en que, hasta ahora, no hemos prestado la debida atención a la complejidad psíquica de los sujetos. En el último escalón de numerosas catástrofes, casi siempre puede encontrarse a un ser humano abandonado a sus propias carencias y limitaciones anímicas, obligándonos preguntarnos cuántos trágicos sucesos y acciones de nefastas consecuencias, se podrían evitar cuidando de la vida anímica de las personas.
Los mismos términos que inauguraron aquella lejana Declaración de los Derechos del Hombre (“la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los Derechos del Hombre son las únicas causas de las calamidades públicas”), podrían expresar hoy la necesidad de atender la salud mental de las personas, por ser su más destacada singularidad.
En virtud del artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, de acuerdo con el cual todos tenemos derecho a “participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”, es necesario reclamar el derecho a la asistencia analítica que conlleva la consolidación del psicoanálisis como la única ciencia que aborda la complejidad de lo psíquico inconsciente.

Desde que Freud formulara por primera vez las leyes de lo inconsciente, en La interpretación de los sueños (1900), hemos aprendido que el hombre no es el amo de su propia casa y que la conciencia no es más que una parte periférica de su vida mental. El alma humana es un complejo mecanismo que no obedece sólo a principios de racionalidad claramente expresados.
Si los límites que imponen los derechos humanos, con sus principios de libertad y justicia, no coinciden siempre con el espacio que ocupan los países, idéntica situación padece el alma humana. Si bien la conciencia representa el ideal del espíritu humano, la gran extensión que conforma la geografía psíquica de la humanidad se debate en gran medida bajo la miseria neurótica.
La neurosis es una de las enfermedades más graves que aquejan a la humanidad, sumiendo a los sujetos en la impotencia, incapacitándolos para el trabajo o para el amor. La neurosis no sólo afecta al individuo aislado sino al núcleo mismo de la sociedad, impidiendo que amplias masas de la población accedan a la convivencia productiva y transformadora que caracteriza la vida en común.
Por ello, este día señalado, se hace necesario incluir en la carta de los derechos humanos, el principio de cuidar la salud mental de las personas para salvar la sociedad y el propio mundo que habitamos.
Ruy Henríquez
psicoanalista

